Antes de ser conferencista o mentor, soy simplemente alguien que nunca dejó de emprender. A lo largo de más de 30 años pasé por industrias que, a primera vista, no tienen nada que ver entre sí: agropecuaria, panificación, construcción, textiles, metalmecánica, estructuras metálicas, logística y real estate. Hoy soy director de varias de esas empresas, entre ellas VallejoGroup.
No fue un plan maestro. Fue curiosidad: cada vez que entendía un negocio, quería entender el siguiente. Esa misma curiosidad es la que, después de la pandemia, me llevó a mirar más allá de mis propias empresas — a caminar ciudades, hacer preguntas y, casi sin planearlo, terminar dando conferencias sobre lo que iba aprendiendo.
Vengo de una familia de empresarios. Mi padre, el ingeniero José Vallejo, dedicó más de cuatro décadas a construir empresa en el Perú y llegó a tener un poder adquisitivo considerable. Yo pude haber vivido cómodamente a la sombra de eso. En cambio, a los 18 años empecé a trabajar por mi cuenta, porque tenía algo muy claro: no quería ser conocido como "el hijo de". Quería ganarme un nombre propio — con mis propios negocios, mis propios aciertos y, sobre todo, mis propios errores.
De mi padre adquirí el gusto por los negocios, y aprendí una frase que nunca olvidé: "la persona que se mantiene activa, vive". Con los años entendí que esa frase no hablaba solo de trabajo: hablaba de no quedarse quieto, de no conformarse. Quizás por eso nunca dejé de moverme entre industrias.
Ganarme un nombre propio no fue una línea recta. En el camino tomé negocios que no salieron bien, me sobreendeudé más de una vez persiguiendo oportunidades que, vistas hoy, sé que no estaban listas — o que yo no estaba listo para ellas. Hubo pérdidas reales, de esas que se sienten en el bolsillo y en el orgullo.
Pero nunca fue el fracaso lo que definió esos años, sino lo que hacía después de cada uno. Aprendí a mirar los errores — los míos y los ajenos — no como el final de algo, sino como información: qué evitar la próxima vez, qué señal ignoré, qué decisión tomar distinto. Esa costumbre de aprender de las caídas es hoy una de las herramientas que más uso para asesorar a otros empresarios.

"Se cierra una puerta, se abren diez ventanas. No es una frase bonita: es, literalmente, cómo he construido cada una de las industrias en las que hoy tengo presencia."
Durante más de tres décadas, buena parte de mi vida profesional transcurrió entre empresas, proyectos y oficinas: creando, invirtiendo, gerenciando, dirigiendo, presidiendo mis propias empresas. Era el mundo que conocía y en el que había construido prácticamente toda mi trayectoria profesional.
Pero después de la pandemia ocurrió algo que no estaba en mis planes: empecé a viajar de otra manera. Ya no solamente por negocios. Comencé a recorrer ciudades para observarlas, entenderlas y aprender de ellas — a asistir a ferias, congresos y foros, a escuchar a arquitectos, urbanistas, desarrolladores, retailers, operadores logísticos, empresarios y profesionales que estaban intentando responder muchas de las mismas preguntas que yo empezaba a hacerme.
Y, casi sin haberlo planeado, también comencé a dar conferencias y charlas. De pronto, mi oficina empezó a quedar un poco más lejos. Y los aeropuertos, mucho más cerca.
Madrid, Barcelona, París, Valencia, Sevilla, Roma, Venecia, Santiago, Londres, Copenhague, Lisboa y otras ciudades fueron convirtiéndose en lugares donde observar, caminar, conversar, contrastar ideas y seguir aprendiendo.
Al principio hablaba principalmente de logística de última milla sostenible. Después llegó la movilidad sostenible, el retail de proximidad, las ciudades de 15 minutos y los proyectos de usos mixtos conectados con medios de transporte público masivo como el metro. Hasta que entendí que, en realidad, llevaba tiempo hablando de algo mucho más grande: de ciudad.
Después de tantos años haciendo algo, uno puede pensar que su hoja de ruta ya está escrita. No necesariamente: se puede mover el timón, se puede volver a empezar en algo que nunca estuvo en nuestros planes, se puede pasar de enseñar lo que sabemos a descubrir cuánto nos queda todavía por aprender.
Yo sigo siendo empresario. Sigo invirtiendo, creando y desarrollando proyectos en las industrias que me formaron. Pero ahora también camino ciudades, escucho, investigo, escribo, comparto y aprendo. A veces solo hace falta atreverse a tomarlo.

Lo que comparto en conferencias, mentorías y consultorías no sale de un libro: sale de haber tomado decisiones reales en industrias reales, de haber caminado ciudades y fábricas, y de conversar con las personas que las hacen funcionar día a día.
Esa misma cercanía es la que llevo a cada sesión de mentoría o consultoría — más conversación honesta que discurso corporativo.
"Después de tantos años haciendo algo, uno puede pensar que su hoja de ruta ya está escrita. No necesariamente: se puede mover el timón."
Nunca me ha interesado la idea de trabajar duro para algún día dejar de hacerlo. Disfruto exactamente lo que hago: crear empresas, viajar, conocer ciudades nuevas, hacer deporte, volver a emprender. Cuando algo deja de desafiarme, lo tomo como una señal — no de que necesito descansar, sino de que necesito un reto más grande.
Esa misma inquietud es la que me llevó de dirigir fábricas a estudiar ciudades, y la que hoy me sigue subiendo a un avión distinto cada mes. No tengo un plan de retiro. Tengo, eso sí, una lista cada vez más larga de cosas que todavía quiero construir — y la costumbre de mirar los aciertos y errores de otros para no tener que cometerlos yo mismo.
En los últimos años, parte de mi trabajo evolucionó hacia una misión más amplia: entender cómo evolucionan las ciudades más exitosas del mundo e identificar los principios que ayudan a construir barrios más competitivos, habitables y sostenibles. A través de investigación de campo y observación directa en Europa y América Latina, analizo cómo el desarrollo urbano, la movilidad, el retail, el real estate y la logística urbana convergen para dar forma a la próxima generación de ciudades.
Esta visión se está llevando a la práctica a través del desarrollo de un ambicioso proyecto urbano de usos mixtos en Lima, diseñado alrededor de una estación de metro. Creo firmemente que el futuro de las ciudades no estará definido solo por edificios icónicos o innovación tecnológica, sino por mejores barrios: barrios donde la vivienda, el comercio, la movilidad, el espacio público, los servicios y la logística funcionan como un solo ecosistema.
Mi propósito es simple: ayudar a repensar cómo se diseñan, desarrollan y viven las ciudades, compartiendo conocimiento que inspire mejores decisiones urbanas para las futuras generaciones.
Reconocido por LinkedIn entre las voces más destacadas de Perú por sus publicaciones sobre logística urbana colaborativa.
N.º 4 en Manufacturing, Logistics & Supply Chain — LinkedIn Perú (Favikon, dic. 2024).
Certificación Business Mentor otorgada por la Fundación para el Conocimiento madri+d (Madrid). Certificado N.º 38-014/22, vigente hasta 2027.
Más de 30 años como director y fundador de empresas en agropecuaria, panificación, construcción, textiles, metalmecánica, estructuras y logística — incluyendo VallejoGroup.